Decepcionantes son las noticias que han circulado en los días recientes sobre la minimización de las celebraciones tradicionales de índole cultural que año con año venía organizando el gobierno municipal para atraer turistas a nuestra ciudad con motivo de LA MATANZA anual de caprinos y favorecer la derrama económica que directa o indirectamente nos favorecía a todos, siendo un orgullo poder invitar a familiares y amigos a un festival tan lucido como el presentado en años anteriores.

Es una pérdida de tiempo lamentar la situación y buscar culpables. Si manejar la ciudad con éxito ha resultado en muchos rubros una misión imposible para las autoridades, es el momento de que cada ciudadano asuma el papel de micro promotor y no deje morir esta bella muestra de la identidad regional que ha hecho famosa nuestra gastronomía desde hace cientos de años.

Así como casi en todos los hogares se prepara una cena en Navidad, una convivencia el 15 de Septiembre o una rosca con chocolate el día de reyes o los tamales el día de la Candelaria, ojalá en cada temporada de Matanza, reuniéramos a nuestras familias para degustar algún platillo de la temporada. Si la economía no alcanza para un juego de caderas, se pueden hacer unos frijoles quebrados, tan típicos de esta región, con tempestistles, bolitas de masa y patitas de chivo o unos trocitos de chicharrón de matanza, un mole de chito con verduras surtidas, chito deshebrado, que ya se vende listo para prepararse con huevo a la manera como en el norte comen su famoso “machacado” aunque la diferencia es que allá es con carne de res, unas ubres rebanadas a la plancha con ensalada o guarnición de verduras, etc.

Y si en esa reunión por trasmisión oral de padres a hijos se cuentan algunas anécdotas acerca de esta Matanza en los tiempos pasados, estaría el programa completo, tendríamos a la familia unida y se lograría un gran refuerzo para nuestros valores de la identidad.

Recordemos que hoy como en todos los tiempos, la familia es la base de la sociedad y que si algunas se han disgregado y cada quien tiene intereses diferentes, aunque sea algunas veces al año, intentemos que esa indiferencia desaparezca y se refuercen los lazos de afecto tan débiles en los últimos tiempos que tenemos que reforzar para que cada integrante del hogar se sienta querido, tomado en cuenta, comprendido y consentido con un platillo especial.

Es el tiempo de los ciudadanos, recordemos la gran participación de tantos en los recientes desastres. Que nadie se quede al margen. Salvemos nuestras tradiciones por más que muchos, a los que hemos nombrado para preservarlas, estén haciendo todo lo posible porque desaparezcan y nos volvamos una ciudadanía sin tradiciones ni emociones.


Guadalupe Martínez Galindo

TEHUACÁN, PARA AMARLO HAY QUE CONOCERLO

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz