Pasado el entusiasmo de las fiestas decembrinas, aterrizamos de nuevo en una realidad que a veces no es tan agradable como quisiéramos, más aún si nos ganó la compulsión y caímos en excesos de cualquier tipo en la recién terminada temporada. Ojalá nuestro balance se presente equilibrado y con el trabajo, orden y constancia, podamos construir los logros que nos hayamos propuesto alcanzar para este año que ha comenzado, porque con pesadas cargas el paso será lento y difícil. Igual que nosotros en lo personal, lo mismo sucede con nuestra querida ciudad que tiene un alto crecimiento demográfico por nacimientos y por inmigrantes y con unos servicios públicos que se oferten en menor proporción que la demanda, crecerán las zonas marginadas con todos los problemas sociales que eso conlleva y nuestros jóvenes al no tener oportunidades de estudio y trabajo en el que puedan recibir lo necesario para una subsistencia honesta, caerán fácilmente en la tentación de cometer conductas delictivas.

Así como los padres responsables, en la primera infancia están muy pendientes de sus hijos para que reciban las vacunas que los protejan de las enfermedades de la niñez, los padres y maestros de enseñanza media, deben cuidar sobremanera a los integrantes adolescentes de su familia que pueden ser atacados por las adicciones, enganchados por la delincuencia organizada para cometer delitos, o con el señuelo de empleos bien remunerados en otros lugares, caer en manos de tratantes de personas y por la fuerza ser destinados en el país y aún en el extranjero, en ocupaciones esclavizantes, que los llevarán a un deterioro físico y moral irreversible.

Con quien andan los muchachos y jovencitas de nuestras familias, es muy importante saber. Que estén ocupados en procurarse una preparación, para ser en el futuro adultos productivos. Sin importar la situación económica, hay una gran cantidad de oportunidades de estudiar en todos los niveles con educación abierta gratuita. Si son afortunados y consiguen un empleo, la orientación de sus mayores para que accedan a mejor preparación y un futuro más bonancible es vital. Si por circunstancias varias la unidad familiar se ha fracturado, quien se haya quedado a cargo de los menores, debe intentar cumplir con Dios y darles una formación de valores, con nuestra ciudad y nuestro país haciendo ciudadanos útiles y desde el ámbito familiar combatir la delincuencia que está aumentando cada día, y con los ingredientes gratuitos del amor y la comprensión, unir a su familia, que como se ha repetido, es la célula primaria de la sociedad. Familias integradas y honorables, darán por resultado una sociedad más sana y un Tehuacán donde se vuelva a respirar paz y tranquilidad básicos para aspirar a un progreso sostenido. Ese milagro sólo lo podemos hacer nosotros, no es asunto de ningún gobierno. Feliz Año 2018.


Guadalupe Martínez Galindo

“TEHUACÁN, PARA AMARLO HAY QUE CONOCERLO”

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