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| Caín y Abel |
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(†) OTHón ARRóniz báez Sábado, 18 Agosto 2012 Nunca antes una situación tan extraña sirvió de preludio a la Tercera Guerra Mundial. Todos aquellos que debieron evitarla, contribuyen con soldados, armas y navíos al incendio nuclear.Me refiero a la coalición de países unidos en 1945 con una voluntad común: el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. La Carta de San Francisco, de 26 de junio de 1945, fue la piedra fundamental de la Organización de las Naciones Unidas, según el preámbulo de la Carta, se propone; “preservar a las generaciones futuras del azote de la guerra...” Se escribían estas palabras sobre los muros calcinados de un Berlín destruido, sobre las cenizas de un Hiroshima hecho pavesas, sobre una tumba gigantesca de ocho millones de judíos, asesinados con extraña crueldad en los campos de concentración. La lección desastrosa se ha olvidado. Millones de jóvenes tienen la memoria corta y las películas de Rambo en su imaginación. Empezamos otra vez la historia de Abel y Caín: hermano contra hermano; hijos contra sus padres, el hombre lobo del hombre. Lo grave es que ahora santifique la atrocidad la Organización de las Naciones Unidas, que se haya hecho cómplice de los intereses mezquinos del petróleo y del dólar y que entregue, bajo la sotana del Anticristo, a quienes tiene obligación de proteger y amar. Miércoles 16 de enero de 1991.
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