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Opinión Domingo, 08 Julio 2012 Aunque haya “ganado” en la pasada elección presidencial, el PRI ha cavado su propia tumba. Triunfó, sí, pero la reacción popular en su contra ha sido muy grande.Obsérvese que el PRI no festejó su “victoria”. No es lo mismo ganar el amor de una mujer que comprarla. A medida que los días pasan, se han venido aclarando los hechos: el PRI ha logrado la presidencia de la República a un costo altísimo, pero ya habrá manera de conseguir la recompensa y, desde luego, la ganancia. Aquí y en el extranjero se comenta: ¿Cómo es posible que en México haya ganado el PRI? ¿Qué les ha pasado a los mexicanos. ¿Por qué han votado por el partido que embarrancó al país? No dudo que haya priistas de corazón y de convicción; que crean en los principios revolucionarios, en la inteligencia y patriotismo de los gobernantes. Sí los hay. Pero en las urnas del día primero quedó la mancha de los comprados, de los favorecidos, de los que esperan seguir sacando raja con favores, amistades, cargos, concesiones y demás privilegios que desde lo alto del gobierno se reparten a los amigos en perjuicio de la triste condición de los humildes. Irrazonable el dispendio de sumas multimillonarias en tanto que no alcanza para los inundados del río de los Remedios, que no haya dinero para meter el hombro a los norteños, que siendo de los más trabajadores, han perdido todo por la reciente sequía; dinero que también podría servir para evitar la penosa emigración de nuestra gente hacia el vecino país porque allá, aunque sea de sirvientes y de esclavos, se gana mejor y que alcanza para vivir y mandar otro poco a la mujer y los hijos que han quedado aquí. Los grandes capitalistas, que aparecen en los primeros lugares en las listas de Forbes, ya no se conforman con sus riquezas: quieren el poder o que todo siga de lo mismo, no importa sobre quienes se pise. ¿Para qué? Léase el cuento para niños El Principito, para niños que todos los adultos deben conocer; el asteroide donde manda el Bussinesman, ha llegado el principito y le pregunta al atareado hombre de negocios: para qué quiere tanto dinero. El señor le contesta: para comprar estrellas. ¿Y con eso qué? Para comprar más y más estrellas y así hasta el infinito. El dinero en exceso no da la felicidad. Es un vicio dañino. Hoy en México el capitalismo ha comprado el poder; tendrá su recompensa. Le ha alcanzado para invertir y ganar. Los demás no importan, ahora tendrá el dinero y el poder, dupla por demás productiva. La compra de conciencias ha sido fácil. La miseria cede fácilmente ante la oferta. Después de todo mi patria es mi familia. El partido reinante ganó, pero no convenció a los mexicanos.
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